La
enseñanza mutua fue practicada por algunos maestros particulares y en las
escuelas gratuitas de algunos conventos. Pero la compañía lancasteriana fue la
que ganó para el método de atención y el apoyo de gobierno el público, e
impulsó el establecimiento de escuelas de enseñanza mutua en toda la nación.
El telégrafo era uno de
los aparatos distintivos de la técnica lancasteriana, que era un palo de madera
que sostenía en su extremidad superior una aspa de hojalata que en un lado
decía el número de la clase y en el otro EX que quería decir examen.
Cada grupo de 10 niños
tenía su monitor que, de acuerdo con un horario, enseñaban las lecciones de
escrituras, lectura aritmética y doctrina cristiana.
Además de un monitor
particular había monitores generales y de orden.
§ Monitor general: tomaban
la asistencia, averiguaba la razón de la ausencia de un alumno, cuidaban los
útiles de la enseñanza.
§ Monitor de orden:
administraban la disciplina.
Todos los monitores eran
supervisados por el director de la escuela. El “mecanismo” del sistema de
monitores debía funcionar casi por sí solo.
Al toque de una campanita
de bronce, los niños marchaban al aula y se distribuían en las mesas por
clases.
Con una precisión militar
y siguiendo la señal del monitor de orden “los alumnos daban su frente a las
mesas, quitándose los sombreros por medio de un cordón y se arrodillaban para
elevar sus preces al Ser Supremo”.
Se enseñaba primero las
letras que consideraban mas fáciles como I, H, T, L, E, F, después las que
tenían ángulos (A, U, W, M, N) y curvas (O, U, J).
La doctrina cristiana se
enseñaba de igual forma que la lectura, o sea, los niños en semicírculos
memorizaban primero el catecismo de Ripalda y el catecismo del abate Fleuri,
para ahondar en la explicación.
La instrucción
recibida por el monitor, era que debían leer.
Para asegurar el orden y
promover el estudio era el sistema de premios y castigos.
Un niño desaplicado y
desobediente era reportado por su monitor de grupo, al monitor de orden, quien
administraba la pena.
Los castigos ordinarios
consistían en que se colgaba una tarjeta de castigo del cuello del muchacho o
se le hacía arrodillarse, poner los brazos en cruz, a veces sosteniendo piedras
pesadas en las manos.
Por faltas mas serias, el
estudiante era llevado al director para recibir golpes con la palmeta.
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